Han pasado 20 años desde que en la Convención de Faro se instase a potenciar el uso de tecnologías digitales para mejorar el acceso y la comprensión del patrimonio. Si pensamos en la tecnología, por poner un ejemplo, en apenas 20 años hemos pasado de hablar de las primeras digitalizaciones por parte de algunas instituciones a que muchas instituciones educativas han adquirido impresoras 3D con el fin de crear sus propias réplicas de bienes patrimoniales. O, todavía más llamativo ha sido el paso de la «democratización de Internet» hasta llegar a los debates éticos actuales sobre el uso de la Inteligencia Artificial. Museos, yacimientos arqueológicos y el resto de las instituciones encargadas de proteger, salvaguardar, investigar y difundir el patrimonio no han sido ajenas a esta evolución.
Por todo ello, este número tiene tres objetivos fundamentales: en primer lugar, difundir acciones innovadoras basadas en tecnologías aplicadas al patrimonio en diversos ámbitos educativos y culturales. En segundo lugar, ofrecer una visión global de las tendencias actuales de investigación sobre este tema. Y, finalmente, invitar a una reflexión crítica sobre las oportunidades, los límites y los desafíos éticos que conlleva incorporar tecnologías emergentes al trabajo educativo con el patrimonio.