Qué es la desertificación y por qué tenemos que abordar este problema
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La desertificación se refiere a la degradación de las tierras secas, que ocupan el 45% de la superficie terrestre y en ellas vive una de cada tres personas. Unos mil millones de personas, en los países más pobres, dependen de la tierra para la mayoría de sus necesidades. La desertificación es consecuencia de las variaciones climáticas –como las sequías– agravadas por el cambio climático, y las actividades humanas, que suponen intensificar el uso del suelo para cubrir las necesidades de una población y consumo per cápita crecientes. Las trabas conceptuales, la falta de soporte científico y la doble visión de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) –ambientalista vs desarrollista– ha lastrado la implementación de soluciones. Para revertir esta situación es necesario comprender que los mismos factores que generan riqueza son los causantes de la desertificación. Degradación y regeneración son procesos que conviven y que deben formar parte del mismo paquete de soluciones, como reconoce el concepto de degradación neutra (NDT). Esta es la iniciativa de la CNULD para lograr la neutralidad en la degradación de tierras en 2030. Para ello, además de las restauraciones ecológicas, debe priorizarse la prevención y un uso del territorio que minimice los impactos ambientales. La NDT forma parte del ODS 15, pero abordar la desertificación pasa por lograr otros ODS, destacando el de la igualdad de género (ODS 5), el hambre cero (ODS 1) o el fin de la pobreza (ODS 2). Solo con un mundo más justo puede lograrse un planeta sostenible.
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