Resumen
Vincent van Gogh es uno de los pintores a los que el cine ha dedicado un mayor número de biopics. El interés por su figura se debe, en parte, al misterio que ha rodeado sus últimos días en Arles, Francia, por lo que no es casual que los biopics sobre el neerlandés se centren en esa etapa de su vida, incluidos los recientes Loving Vincent (2017), cinta de animación de Dorota Kobiela y Hugh Welchman, y Van Gogh, a las puertas de la eternidad (At Eternity’s Gate, 2018), de Julian Schnabel. El estudio comparativo de ambos largometrajes, dos diferentes propuestas plásticas y dramáticas, ha de permitirnos, como primer objetivo, constatar los códigos genéricos del biopic de artista. Por otra parte, en consecuencia, a localizar en ambas películas una reflexión sobre el gesto creador y a responder si la cámara cinematográfica, en definitiva, es capaz de visibilizar el trazo y la mística del genio.
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